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  #231 (permalink)  
Alt 10-may-2008, 07:35
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Muchos han venido hasta este jardín.

Por muy extraño que parezca, incluso el segundo ladrón tuvo que llegar a este lugar. Es verdad que Betard colgaba de una cruz en la hora de su Getsemaní, pero a pesar del lugar donde lo halló terminó por encontrarlo. Eso es lo importante.

Los más selectos siervos de Dios tuvieron todos que hallar la ruta que finalizaba en este jardín.

La primera persona que visitara Getsemaní fue tu Señor. Puede que el pensamiento más difícil de enfrentar en toda la vida terrenal del Señor fuera percatarse de que no quería estar en Getsemaní. Pero más inconcebible aún es entender por qué no quería llegar aquí. ¡La causa es sorprendente!

Jesucristo y Su Padre tenían un serio conflicto. Tu Señor tenía una opinión completamente distinta a la de Su Padre en lo que respecta a ir a la cruz.

¿Se te había pasado alguna vez por la imaginación que Jesús estaba en desacuerdo ―en conflicto directo― con Su Padre? Al igual que tú, a tu Señor le resultó duro encarar una crucifixión. Fue el único momento de toda la historia eterna en que el Padre y el Hijo discreparon. Sucedió una vez, y sólo una vez. En un jardín. El tema era...

¡La crucifixión a manos de Sus propios hermanos!

El punto a tratar entre el Padre y el Hijo tenía que ver con una crucifixión injusta. Tu Señor vivió un momento muy difícil al encarar el Gólgota.

Cierto, este conflicto de voluntades entre el Padre y el Hijo no hizo que Jesús tomara las riendas del asunto; sin embargo, no cabe duda: no quería ser crucificado.

La cruz es un concepto cuyo origen se halla en el Padre.

El Padre, que recorre las travesías del tiempo, sabía que te sería difícil enfrentar la cruz.

¿No es verdad que es increíble que el Padre de tu Señor quisiera que Jesús fuera crucificado?

La crucifixión no es un valor humano sino un valor divino. En el marco humano la crucifixión no es algo que se pueda aceptar por propia voluntad. Desde cualquier perspectiva la crucifixión es algo divino, ajeno a la visión del hombre.

¡No es de sorprender que hubiera un Getsemaní! Ese lugar es una necesidad, pues cualquier ser humano que se atreva a seguir el sendero divino se allegará a un Getsemaní. Cada cual permanecerá allí hasta que su voluntad se concierte con la divinidad, o perderá completamente de vista la forma divina de hacer las cosas.

Ese jardín es el lugar donde por fin la fragilidad humana se pone de acuerdo con la divinidad; es adonde llegas, al final, para ponerte de acuerdo con el Padre, con Su voluntad. Aceptas ser crucificado. Te rindes incluso a todo cuanto te hace temblar de horror. Mientras allí estés, puedes reconfortarte al recordar esto: jamás estarás más cerca del lado humano de tu Señor que en Getsemaní.

No debes seguir rechazando la crucifixión. En algún lugar... antes... durante... o después de esa pesadilla, debes estar de acuerdo en ser crucificado. Estar de acuerdo en lo que te repele, en lo que temes, en lo que es horrible, ignominioso y repulsivo. Admitir asimilar en tu persona lo que se diseñó para destruirte. ¡Estar de acuerdo en algo que, se vea como sea vea, parece tan intensamente anticristiano!

Consentir la destrucción. Eso es el Getsemaní.
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  #232 (permalink)  
Alt 10-may-2008, 07:37
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Debes buscar y hallar... el Getsemaní. El jardín les espera a todos los peregrinos. Cuando al fin llegues descubrirás que Tu Padre también está ahí.

Incluso ahora te espera.

Mientras cruzas por sus puertas, deténte y date cuenta de que hay algo aquí precioso y alentador, saber que tu Señor también pasó por grandes apuros mientras entraba por estas mismas puertas. El hecho de que todo lo que había en Él se estremeció ante la idea de ser crucificado te da permiso a ti a pasarlo realmente mal para aceptar la crucifixión. Ese hecho te da derecho a luchar, a resistir, a ver que te sea casi imposible estar de acuerdo con la voluntad de Dios. La lucha de tu Señor en este mismo tema te da derecho a permanecer en pie tembloroso, aterrorrizado y confuso frente a los valores divinos. Te da permiso para querer correr, esconderte y gritar, “No, Señor, esto es más de lo que puedo aguantar. Esta vez no puedo acompañarte.”

Tienes el permiso de la instancia más alta posible de no querer ser crucificado por otros. Sobre todo cuando es por tus propios hermanos.

Cuando un cristiano es maltratado por otro cristiano, es fácil preveer las consecuencias. El cristiano ofendido reacciona negativamente, a veces con vehemencia, incluso con depravación. Cierto, tu Señor no actuó de esta forma, pero sí que dudó. Vuelve a leer la historia. A Jesucristo no le parecía bien del todo que fuera crucificado. Cuando llega el momento de tratar con una crucifixión, cuando llega el momento de ser clavado a una cruz, todos los creyentes se encuentran sobre un terreno común. Se aceptan las dudas. Pero, ¿el rechazo? ¡Ah! Eso no debes hacerlo. Perderás algo muy valioso. Halla consuelo ante la realidad de Sus luchas, pero no debes hallar excusas.

Reconfórtate en esto: tu Señor temía, aún le asustaba, la crucifixión. Cabe la posibilidad de que hubiera podido considerar el rechazarla. Lo que es seguro es que tenía una opinión forjada al respecto. Tu Señor tenía voluntad propia. Esa voluntad se mostró en todo su explendor en el Getsemaní. Fue la primera vez que ejercitaba Su propia voluntad ante la voluntad del Padre. En el caso de que aceptemos que Su humanidad se estaba desvelando, entonces debes saber que Gólgota sabe cómo sacar a la luz la humanidad de todos.

¿No es esta la más conmovedora y emocionante de las escenas? La voluntad de Jesús el Carpintero enfrentada a la voluntad de Dios Su Padre. Escucha como tu propia voz se une a la Suya, “lleguemos a este acuerdo de que no seré crucificado.”

¡Nadie jamás accedió con facilidad a ser clavado a un madero?

Difícil, sí. Pero rendirse... este es el camino, el único camino, para todos aquellos que le siguen. No escuches a ninguna otra voz, ni a la lógica ni a la razón.

Ahora tienes el permiso ―de las más altas esferas― para no desear ser crucificado. En un momento semejante no se espera de ti que seas el perfecto y magnífico cristiano. Pero sí se espera de ti que te encares a este acto de ignominia. Getesmaní requiere que te enfrentes a tu Señor, reconozas que esta brutal experiencia es Dios, y te rindas.

Tienes permiso para sentir el dolor y el temor. Pero tienes el ejemplo de tu Señor... ¡rendirse! Rendirse a todo lo que te es contrario. Es la naturaleza de tu Señor rendirse a Su Padre. Obtuvo esa capacidad de rendición y la atrajo a las entrañas y naturaleza de Su ser en Getsemaní. Tú no puedes hacerlo, pero Él puede ―su naturaleza es rendirse a la cruz― y Él mora en ti.

Oh, y aparte de eso Él es uno contigo. Ríndete a Su rendición. Permite que la vida divina, de la cual eres partícipe, sorba la vida humana.

¡Él puede vivir de nuevo el Getsemaní! ¡En ti!

Vuelve esta escena del revés. Obsérvala desde el otro lado. Entra en el territorio celestial. Allí ves las cosas más allá de tu comprensión. Contempla esta escena desde la perspectiva del Padre. Te enfrentas a valores tan extraños y ajenos que no puedes asimilarlos.

Contempla tu crucifixión a través de los ojos de Dios. Sea Su único Hijo.. o tú... ¡Dios favorece la crucifixión!

¡El Padre quería a Su Hijo crucificado!

También fue Su voluntad que tú fueras crucificado.
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  #233 (permalink)  
Alt 10-may-2008, 07:39
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¿Por qué permitió Dios este terrible trance en tu vida? Confrontemos esa pregunta sin más rodeos.

¿Nos atrevemos ahora a enfrentar el hecho de que no sólo la permitió sino que la deseó? La respuesta se halla en descubrir el más profundo de los misterios de la cruz... ¡el más profundo secreto de Dios en cuanto a por qué Jesús fue crucificado!

Sabes que Él murió en la cruz para salvar a los hombres de sus pecados. Pero aquí hay un asunto personal. El Padre permitió que la crucifixión llegara a la vida de Su Hijo por una razón del todo asombrosa.

¡Jesucristo fue crucificado porque le faltaba algo!

¿¿Qué??

Había algo que Jesucristo no sabía, y que necesitaba aprender.

Había una carencia en la vida de Jesucristo. La Palabra de Dios testifica de esta sorprendente proposición.

¿Qué podía faltar en Jesús, el Cristo, el Hijo Eterno? Había cosas que Jesucristo no sabía y que no podía saber más que siendo crucificado. El Padre quiso que Jesucristo fuese crucificado porque Jesucristo necesitaba ser crucificado para aprender estas cosas.

Te deja de piedra, ¿verdad que sí? Sin embargo, la Santa Escritura es clara.

Aunque era Hijo,
aprendió la obediencia
por lo que padeció.

Hebreos 5:8

Jesucristo aprendió algo que sólo la crucifixión podía enseñarle.

El Hijo aprendió a obedecer a Su Padre, aunque aquello incluyera morir. Sólo una crucifixión podía suministrar la formación. Aprendió una obediencia que jamás había conocido previamente.

Esta clase de obediencia no consiste sencillamente en obedecer órdenes. Esta obediencia es de un tipo mucho más alto e insólito. He aquí una obediencia que habla de un pleno concierto entre el Padre y el Hijo. Este es un asunto en el que todas las cosas se constriñen en rendición.

Inimaginable profundidad hay en una rendición tan peculiar. Significa que sea lo que venga, por muy aciagas que se pongan las circunstancias, tú permaneces en un estado de rendición. No necesitas días gloriosos. Los días buenos y malos son lo mismo porque habitas en un estado de rendición. Cada día, sea cual sea su contenido, es el mejor de los días.

Tal era el propósito del Padre en el Hijo.

¿Pero no era ya ese el estado constante del Hijo?

Sí, sin duda. Hasta el Getsemaní. Justo hasta la hora de la crucifixión. En todas las cosas... excepto en ser crucificado. Tuvo que aprender a obedecer a Su Padre cuando llegó esta infamia.

El Padre decretó que el Hijo aprendiera a rendirse incluso a esto.

¡¡También es así contigo!!

La crucifixión, y sólo la crucifixión, marcó el descubrimiento de que, por un instante, había un límite a la rendición del Hijo.

¿Es pues de sorprender que tú hayas experimentado un tiempo harto difícil para rendirte a una crucifixión?

Dos voluntades estaban en total concierto. Por un momento esas dos voluntades discreparon. En cuanto el desacuerdo se zanjó sus voluntades se hicieron eternamente una. Indistinguibles. Completamente indistinguibles. Una única voluntad. El punto principal de ese desacuerdo fue una sangrienta cruz; el desacuerdo se zanjó en un jardín.

Por lo tanto es aquí donde ves la obediencia… ¡obediencia con el fin de aprender! ¿Aprender qué? Aprender a estar de acuerdo a ser crucificado.

En tu caso, consiste en aprender a ser crucificado incluso por otros cristianos.

Cuando has rendido tu voluntad a lo peor que pudiera ocurrir, ¡no hay nada en ninguna parte que pueda superarlo! Sencillamente no hay nada allá afuera esperándote para destruirte que prevalezca a una sangrienta e injusta crucifixión.

Por lo tanto observamos al Getsemaní bajo su verdadera luz.

En ese oscuro lugar, admite la coreografía, los transeúntes del drama, que tus amigos se hayan olvidado de ti, la sangre y la masacre, la maza y los clavos y el madero, la infamia, la vergüenza, la traición, la pérdida de tu reputación por el resto de tu vida. Consiente las mentiras y los perennes rumores. Consiente a Caifás y Ananías. Consiente a los peores, los más oscuros y desagradables momentos que la vida pudiera contener.

¿Qué ocurre si rehusas tu Getsemaní? Sólo puedes rehusar si insistes en creer que tu crucifixión es algo injusto e impuesto por hombres crueles. Esta no es una manera sana de vivir. Si tomas esa senda, ¿qué te depara el futuro? Quizás contenga algo que jamás hayas considerado. La vida puede que termine con una perspectiva de los acontecimientos diarios algo parecido a esto: “cristianos viciosos, desagradables y sinvergüenzas abusaron de mí. No sabes tú bien lo que me hicieron. Pásame un limón; me pasaré lamiéndolo lo que me reste de vida.”

Es posible que semejante perspectiva de la vida siga de aquí en adelante manando de ti cuando otro cristiano te maltrate. Puede que aumente hasta que cada instante de la vida esté coloreado de dicha perspectiva. Rehusa hoy a la sanidad, y un simple arañazo te aplastará.

Señor, me rindo. A tus ojos mi crucifixión fue algo precioso. Fue lo mejor de ti para conmigo. Fue lo mejor para tus propósitos.

Que el Señor abra tus ojos para ver que hay un propósito y belleza en aquel día horrendo en que fuiste crucificado por cristianos.

Si te rindes, ¿qué te depara el futuro?
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  #234 (permalink)  
Alt 10-may-2008, 07:41
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Unas pocas horas antes de que Jesús se levantara de la tumba los hombres le habían masacrado. En esa masacre de la cruz Jesús había soportado dolores extremos.

¡Después se levantó de los muertos!

¡Menudo cambio de tornas!

¿Qué ocurrió a continuación?

¿Te acuerdas de lo resentido que estaba? ¿De la ira que mostró? ¿Recuerdas de cómo salió de la tumba perjurando venganza? ¿Recuerdas que nada más resucitar escupió al suelo y maldijo a Caifás y Ananías? ¿Te acuerdas de cómo juró vengar a sus atormentadores y echó maldiciones a cuantos le crucificaron?

¿Te acuerdas de mientras reunía a sus discípulos cómo hacía recuento de cada detalle del juicio, de cada mentira, de cada falso testimonio? ¿Recuerdas lo llenas de amargura que estaban sus palabras? ¿Por qué no dejaba de hablar de lo que le habían hecho?

¿Recuerdas estas palabras?:

“Luego hubo un momento en que uno de ellos afirmó que había dicho que destruiría el Templo de Herodes... bueno, eso no es verdad... tergiversaron mis palabras... nunca dije eso. ¡No os podríais creer el chismorreo que circulaba a Mi costa!”

¿Recuerdas cómo hacía memoria del puñetazo que le propinó el guardaespaldas del sumo sacerdote? ¿De cómo denunció mordazmente a los falsos testigos? ¿Recuerdas cuando hablaba de las patéticas condiciones de habitabilidad de la prisión? Acuérdate del desgarrante tono de su voz al señalar que estaría desfigurado por toda la eternidad a causa de las cicatrices de su cuerpo: “Ahora me ha tocado vivir con estas grotescas marcas en Mis manos y pies. Y cada vez que las vea me recordarán de su maldad. Nunca les perdonaré.”

¿Te das cuenta de que en casi cualquier conversación que tuvo después de Su resurrección se refería de nuevo a la forma en que había sido maltratado en el Gólgota? ¿Te diste cuenta del oscuro resentimiento, del gusano de amargura que carcomía Su alma?

¿No te acuerdas de esas cosas?

Pero te has percatado de semejante conversación por parte de hermanos cristianos que han sido crucificados por otros hermanos cristianos, ¿verdad?

Aquí está el sello distintivo de la resurrección de tu Señor: levantado de la tumba, jamás hizo mención de los sucesos de Su crucifixión.

Ni una sóla vez.

Ni siquiera una palabra.

¡Ese es el sello distintivo de todas las auténticas resurrecciones! ¡El pasado se fue para siempre! La resurrección se encuentra más allá de lo que está muerto.

La resurrección significa levantarse de la muerte y entrar en una esfera nueva, un nuevo espacio… un tiempo donde el pasado nunca existió.

La prueba de un Getsemaní real, de una crucifixión que te fue suministrada por el odio de cristianos, pero que tú has postrado en la mano de Dios... esa prueba se halla en la actitud de Jesucristo cuando se levantó de los muertos.

Ojalá que puedas tú hallar esa misma gracia.

La resurrección es una demarcación. Todo lo que existió antes de la resurrección ya dejó de existir. ¡¡Jamás sucedió!!

Esa es la esencia de la resurrección. Todo lo anterior nunca sucedió. ¡Todo lo posterior es nuevo y no tiene conexión con los sucesos del pasado! Después de la resurrección todas las cosas pertenecen a una nueva creación. Esa nueva creación no tiene relación alguna con nada que aconteciera previamente.

Una creación tan nueva y una vieja creación tan aniquilada, ¡que no puedes acordarte de ella!

¡Qué honor ser crucificado! ¿Por qué? Porque más allá de la crucifixión está la resurrección... y esa nueva creación. El pasado al completo se evapora. Se ha ido. ¡Jamás existió!

¡El pasado ya no existe! No es que el pasado se ignore o se olvide. ¡Jamás sucedió!

Eso es resurrección.

Pero..
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  #235 (permalink)  
Alt 10-may-2008, 07:43
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La resurrección sólo llega porque primero hay una crucifixión. La cruz afirma siempre la resurrección. Lo segundo es imposible sin lo primero.

No puede un peregrino aprender mayor lección que esta: la crucifixión es la invitación de Dios a la resurrección.

Cuando uno desea la resurrección solicita así mismo la cruz.

Si tu Señor decretó una crucifixión en tu vida, fue una invitación para conocer la resurrección. Esa invitación, querido hijito de Dios, es un honor.

La esencia de la crucifixión consiste en que es un portal que hay que atravesar para llegar a la plenitud de la resurrección.

La crucifixión es una invitación del más alto standing para el más alto de los reinos.

Un crucificado tiene a su alcance el más alto nivel del cristiano vivir... la vida más allá de la crucifixión. Vivir en resurrección. Esa es la más alta instancia de vida cristiana.

La meta de tu Señor en todas las crucifixiones es traer a una persona a un lugar de vida que está más allá de esta creación visible... ¡vivir en una nueva creación en la que el pasado se ha evaporado por completo!

Jesucristo lo perdió todo en la crucifixión. Todo cuanto consiguió en esta tierra fue destruído. Cuando los hombres le depositaron en una tumba, nada podía mostrar que respaldara sus treinta y tres años sobre la tierra.

Sin embargo, en esta su pérdida de todas las cosas, soportó la cruz y despreció la vergüenza. ¿Por qué? Porque sabía que había una gloria esperándole en el futuro. Así funcionan las cosas en una crucifixión.

Ahora mismo es posible que estés colgando de una cruz, pero tiene un propósito. Una resurrección te está esperando, tan gloriosa que echará en el olvido los propios recuerdos de esa cruz.

Contempla la belleza, el honor de ser crucificado por cristianos. ¿El propósito de Dios? Ese propósito incluye tu resurrección.

¡La vida resucitada está por encima de la vida que anteriormente fue vivida! Siempre.

Gracias a Él por el privilegio de ser crucificado. Contempla el gozo inefable, la oportunidad sin parangón que tan sólo la crucifixión te permite. Contempla ante ti una luz cegadora. Es un día nuevo. Admira esa nueva creación. Esa nueva creación, que sólo puede vivirse en resurrección, se encuentra mucho más allá y más arriba del punto en que una crucifixión es capaz de alcanzarte.

Estás rozando la resurrección con la punta de tus dedos. Pero con la misma certeza con que no puede haber resurrección sin crucifixión, no puede haber auténtica crucifixión sin Getsemaní. Haz las paces con Dios.

Él quiso tu crucifixión para que puedas ver tu propia reacción; para que pudieses contemplar tu lado oscuro; para que tu lado oscuro, tan solapado a tu vida y personalidad, sea tratado; para que puedas hallar tu senda hacia Su mano soberana y rendirte a los misterios de Sus caminos; para que tu voluntad pueda tocar en la misma nota.

Únete a tu Señor en Getsemaní, únete a Él en el Gólgota. ¡Es entonces cuando puedes unirte a Él en resurrección!

Él desea que le permitas que sea tu todo. Él quiso que vinieras a aceptar que todas las cosas se originan en Él. ¡Por amor!

¡En este momento tu Señor camina y vive en resurrección! Él vive más allá de. Él vive más allá de lo peor que pudiera suceder. Él vive más allá de lo peor que pudiera ocurrir porque le ocurrió lo peor. ¡Él vive más allá de la Muerte!

Dicha senda de gloria está ahora abierta para ti. Un Señor resucitado está esperando a un creyente en agonías de muerte.

¿Cuál es la diferencia entre la vida y la vida resucitada? Esta: ¡puedes matar la vida! Mira hacia el Gólgota y aprende que aún la vida divina puede matarse. Pero no puedes matar la vida de resurrección. No puedes matar la vida divina que se halla al otro lado de la crucifixión. La vida divina… crucificada. La vida divina… resucitada. No hay nada que pueda tocar esa vida. Cuando te has levantado de los muertos, ¡¡nada puede tocarte!!

Hay un propósito grande y glorioso en la cruz, ¿verdad?
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Alt 10-may-2008, 07:45
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Qué sucede si en el futuro vuelves a ser tratado de un modo brutal por cristianos? El pensamiento es detestable, ¿verdad? Pero ha ocurrido. Hay cristianos que han sido crucificados fría y calculadoramente por otros… en más de una ocasión.

¿Cuál será tu destino si eso volviera a suceder?

Si has tratado con esa primera crucifixión, si has perdonado a tus verdugos, si tomas esa primera crucifixión de la mano de Dios, si te has levantado de entre los muertos… entonces, si vuelve a suceder, de nuevo volverás a sobrevivir. Volverás a sevirle… con libertad y con confianza.

Por la gracia que sólo puede otorgarse por medio del Espíritu Santo, y por medio de dones que no pertenece al hombre otorgar, trataste asuntos con tu Señor; y Él trató contigo, te tocó, y te dio la gracia para vivir. Lo hará de nuevo.

Saldrás de ese trauma, levantándote de nuevo, ¡preparado para arriesgarlo todo de nuevo! Para Su gloria. Para Su honor.

Es difícil ser destruido por lo ya conquistado. Es raro que los hombres sean destruidos por lo que no pudo destruirlos previamente.

Pero si ese primer sórdido apuro no se enfrenta, si nunca te liberas de los recuerdos, si no hay Getsemaní, entonces esa segunda crucifixión tan sólo te enterrará más hondo en un abismo de amargura sin esperanza. De hecho, esa segunda crucifixión no será crucifixión alguna. Sólo será otra escena desagradable: cristianos peleándose con otros cristianos. Únicamente lo verás como una prueba más de lo depravado que es el pueblo de Dios. Únicamente añadirá más leña a tus recuerdos de pesadilla… recuerdos como los que ahora mismo pudieran estar hechizando los pasadizos de tu mente.

¿Es esta la porción que escojes para ti? Peor aún, ¿es este el retrato de tu futuro? Si no hubiera otra razón aparte de seguir amando como un niño a Jesús, escoje la crucifixión… a manos de Dios.

Digamos que enfrentas ser crucificado por cristianos a un nivel tan noble. ¿Qué queda por delante?
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Alt 10-may-2008, 07:46
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¿Una vida más alta que la vida de Dios?

La idea misma es incomprensible. Todo el mundo sabe que la vida de Dios es la vida más alta de todas.

Pero no lo es.

La vida más alta de toda la historia del universo es la vida de Dios… que ha experimentado la muerte. La vida de Dios… resucitada. Esa es la vida más alta.

El mayor enemigo de Dios, Su último enemigo, Su único enemigo, era la Muerte. Cuando uno ha derrotado al mayor de sus enemigos no hay otro enemigo. Un enemigo menor que tu mayor enemigo jamás podría inflingirte dolor mayor que aquel que puede infligir tu mayor enemigo. La derrota de tu mayor enemigo deja al resto de enemigos en una posición mucho más debilitada.

Cuando has sido golpeado por la peor de las circunstancias y te levantas en victoria de entre las cenizas, aquellas circunstancias previas han perdido su agudo filo. Su poder se quiebra.

Nada puede detener a Jesucristo porque ha ascendido por sobre la Muerte. Los demás enemigos tienen armas menos poderosas que usar contra Él que la propia Muerte. No hay otro enemigo a la par de la Muerte. Jesucristo fue inmolado por la Muerte, después inmoló a la muerte y se levantó de entre los muertos. La Muerte nunca jamás podrá tocarle. La Muerte es menor que lo que Cristo es. Así mismo, la crucifixión es menor que lo que Cristo es.

¿Qué significa esto para ti? Este Señor triunfante, y Su triunfante forma de vida, ¡vive en ti! Deja que esa vida viva. Deja que esa vida te conduzca a tu muerte. Deja que esa vida te levante de la masacre, el dolor, la destrucción y las cenizas del Gólgota y de la muerte. Abraza los requisitos a que te obliga la crucifixión. Hasta que alguien venga con algo para tu vida que sea peor que ser crucificado por cristianos, entonces ser crucificado por cristianos es menos que la vida que opera en ti.

¿Te das cuenta de lo que esto conlleva para tu vida cristiana? Eres capaz de continuar en tu caminar con el Señor, más arriba y más profundamente, hasta el día en que seas golpeado por algo peor que ser crucificado.

¿No es pues la crucifixión de gran valía? ¿No ves las huellas digitales de Dios en tu sitaución actual? Tu Señor ha puesto a tu disposición la posibilidad de vivir por encima de la crueldad del hombre (incluso la crueldad de los cristianos), ¡para poder salir sin un sólo rasguño!

Resuelve tu crucifixión. La resurrección te está esperando. Conllevará un acto más poderoso que la crucifixión evitar tu ascensión junto a Él. ¡Una espectativa poco probable!

Tu Señor cree que tienes el derecho de vivir por la vida de resurrección. La vida de resurrección es una vida que sólo existe en la medida en que es una vida que ha atravesado todo el valle de la crucifixión.

Él espera tu permiso, tu permiso para ser crucificado al estilo y manera de Cristo. Eso le da a Él permiso para levantarte de la tumba.

(Patalear y gritar, resentirte, razonar y los berrinches no son parte de Sus caminos. Nunca conseguirás crear tu versión de cómo has de ser crucificado. Te sometes a lo que se abalanza sobre ti.)

Sin embargo, esto no es todo.
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¿En qué creación vives ahora?

La cruz se sostiene entre dos creaciones, en la línea divisora entre dos esferas, dos universos, entre una antigua y una nueva creación. Esa nueva creación es Cristo Mismo.

Una creación ha caído… y es terriblemente antigua. Esta creación existe hasta el tiempo de la cruz, pero nunca existe más allá de la cruz.

Esa segunda creación, ese nuevo reino, esa creación totalmente nueva, vive más allá de la cruz.

La nueva creación es sobresaliente. ¡Nada sabe de la vieja creación! Ni tampoco sabe la nueva creación nada de las injusticias de la cruz. La historia de la primera creación toca a su fin al relatar la historia de la cruz. Ese es el Tomo I. El Tomo II es la historia de la nueva creación. Esa historia comienza con el relato de una tumba vacía. Nada sabe de la historia pasada. Para la nueva creación, la historia pasada es el relato del nacimiento de esa creación ¡en el instante que Cristo resucitó! Este Tomo no contiene registros de archivos que existieran antes de la resurrección; nada sabe de creaciones que existieran antes de que naciera. No tiene antecedentes de hechos malvados. Esa creación irreemplazable absorbe su propia existencia, su vida, su sustento, de la Vida más alta que existe… la Vida divina y resucitada de Dios. Tu Señor es la única Vida en esta extraordinaria nueva creación.

¿Haces memoria de la relación que tenías con Cristo los primerísimos días tras ser salvo… con plena certidumbre, con plena confianza, con plena esperanza y con pleno regocijo en todas las cosas?

Al permitir que la vieja creación en la que ahora vives desaparezca para siempre, la belleza de la resurrección no se hace esperar. Al adentrarte en esa nueva creación descubres que los elementos de la vieja creación han dejado de existir.

La aceptación de la cruz no es poca cosa, pues.

Se está haciendo tarde. Hemos charlado juntos un buen rato. Daré por finalizado nuestro tiempo juntos haciendo una pregunta a dos personas que han sido crucificados por cristianos. Una de estas personas eres tú. La otra no eres tú, y nunca lo será.
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Una pregunta para acabar.

¿Cuál de estas dos personas eres tú? La respuesta lo descubre. ¿Cómo es posible? La respuesta que des te permite averiguar en qué creación estás viviendo. He aquí la cuestión. Sólo puede haber dos posibles respuestas. La respuesta que des decide quién eres tú.

¿Has sido crucificado por cristianos alguna vez?

Sí, fui crucificado por cristianos.

¡Me sucedió sin que me lo esperara! No me adaptaba, así que alguien me corrigió. Después me confrontaron. Poco a poco los rumores se extendieron por todos lados. Al final me dieron una seria advertencia. Por aquel entonces casi todo el mundo se había vuelto en contra mía. Recibía adustas cartas y llamadas que me ponían en evidencia. Nuevos chismes me sobrevenían día a día. En poco tiempo casi todo cristiano conocido se había alejado de mí o se había puesto en contra mía. Muchos me atacaron con saña. Jamás había oído tantas mentiras y distorsiones. Al final me excomunicaron, me denigraron, me maldijeron. Mi vida casi se arruinó.

Confieso que incluso ahora encuentro difícil olvidar el modo tan injusto en que me trataron. Las palabras aún resuenan en mis oídos. Se me revuelven las tripas con sólo recordar todas esas crueldades. Jamás seré capaz de confiar otra vez en un cristiano. Lo que es seguro es que jamás volveré a confiar en un líder cristiano.

A veces me doy cuenta de que aún cuando esté hablando de cualquier cosa con otros, los pensamientos y los recuerdos se filtran entre mis palabras.

Confieso que aún soy algo escéptico ―a veces incluso critico sin parar― de casi todo lo que oigo que está sucediendo en círculos cristianos.

¿En cuanto a mi vida espiritual? ¿Mi caminar con Cristo? Bueno, ahora mismo está en largos puntos suspensivos. No se ha movido gran cosa desde aquella experiencia.

Entiendo que estás a punto de hablar con otro creyente que fue crucificado por cristianos. Espero que le haya tocado algo mejor que a mí. Quizás lo esté sobrellevando mejor que yo. Por otro lado, dudo que él ―o cualquier otro― haya sido maltratado con un talante tan poco cristiano como lo he sido yo.

Una segunda posible respuesta

¿He sido alguna vez crucificado por cristianos? Pues no estoy seguro.

¿Dónde has oído que fui crucificado? ¿De un modo cruel? ¿De un modo injusto?

Qué raro que no me acuerde.

A lo mejor ocurrió, ¿o no? La verdad es que no estoy muy seguro. ¿Maltratado por otros creyentes? No, lo cierto es que no puedo acordarme.

Ah, quizás tal cosa puede que sucediera en alguna otra creación y en alguna otra escala temporal, pero no lo sé. Todas las cosas que llegan a mi vida provienen de la mano de mi Señor. Estoy seguro de que cualquier cosa que me haya sobrevenido se originó en Su corazón, y en amor.

Él es el Triunfador. En Él, al menos aquí en esta esfera, todas las cosas son

de Él
por Él
para Él
hacia Él
por medio de Él
y ¡en Él!

Los recuerdos de todo lo demás parecen haber escapado de mí. En Él vivo en la luz. En Él camino en vida ascendente.

¿Fuiste alguna vez
crucificado
por
cristianos?

LA ELECCIÓN ES TUYA
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hebert_58 el prinicipio de la sabiduria es el temor de DIOS
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Al llegar a nuestros últimos momentos juntos, ¿podría decir una última cosa? Este planeta tiene una necesidad imperiosa de hombres y mujeres que hayan sido crucificados.

Cuán desesperada es la necesidad de hombres y mujeres a quienes el Señor les permite ser crucificados. Ellos, a su vez, necesitan hallar a hombres y mujeres que hayan sido crucificados. Hombres y mujeres que no sólo hayan sido crucificados sino que se hayan rendido a ello, sin librarse de nada, y se hayan entregado a la mano de Dios. ¡Creyentes resucitados! ¡Resucitados de la crucifixión! Hay pocos cristianos hoy ―o en cualquier época― que entiendan algo acerca de la cruz. Jamás ha existido una generación que haya tenido suficientes creyentes que en verdad hayan conocido la cruz.

El mundo cristiano continúa casi privado de hombres y mujeres quebrantados. Todo lo contrario, es normal que se conciba el quebrantamiento como algo de lo que huir en vez de abrazar. Se envidia y aplaude lo duro y lo inquebrantable.

Se busca: hombres y mujeres que estén presentes en el entorno cuando el Señor esté obrando quebrantamiento en las vidas de Sus otros hijos. Se busca: testimonios sin mácula de aquellos que se rindieron por completo a la plenitud de la cruz. Se busca: hijos del Gólgota y de la tumba de José.

Dios sabe cuán desesperadamente se necesitan cristianos crucificados y resucitados.

¿Por qué permitió Dios que esta tragedia entrara en tu vida? Quizás la razón o las razones estén ahora más claras.

Añade ahora esta otra: puede que también tu Señor deseara que te sobreviniera a ti una crucifixión para que en ese entorno tú pudieras ser uno donde tu vida, tu testimonio y tu experiencia de crucifixión sean de consuelo, ayuda, guía y aliento para otro escuálido creyente que está siendo inmisericordemente crucificado por otros.

Hubo un hombre llamado Pablo que había sido calumniado y crucificado por su propia gente, golpeado con varas y crucificado por el mundo laico; traicionado y crucificado por creyentes confesos. Su trabajo fue casi aniquilado aún por hombres que profesaban ser hermanos obreros cristianos.

Pablo lo tomó todo de la mano de Dios, no escapó de nada, no intentó cambiar nada, se rindió a todo, ¡y siguió andando!

Ese hombre consoló, auxilió, y literalmente casi salvó las vidas de innumerables creyentes en el transcurso de su vida. Más adelante, a lo largo de la historia, sus palabras y testimonio han reconfortado y sanado a millones. Todo esto vino porque triunfó sobre la crucifixión y se levantó del apaleamiento de su muerte.

Date cuenta de que como resultado de sus terribles trances este hombre no se olvidó de presentar la cruz a otros. Se gozaba de presentar la cruz a otros. Llegó incluso a remover cielo y tierra para exaltar la necesidad de la cruz en la vida de todos los creyentes.

Mientras proclamaba la cruz fundaba iglesias. Proclamando esa cruz libró a aquellas congregaciones de la destrucción. Hombres y mujeres siguieron su ejemplo, respondieron a su testimonio, ¡y muriendo, vivieron! Del mismo modo hicieron las iglesias.

Pablo era la prueba viviente de que puedes emerger de las insinuaciones, las mentiras, ataques, falsedades, palizas, complots, contratiempos, fracasos e incluso la aniquilación de tu trabajo, y aún levantarte de la tumba… y desde ahí dirigir a otros hacia Cristo con gozo. Pablo abrazó los sufrimientos injustos, se deleitó en una cruz y se glorió en una crucifixión que le mataba y le daba vida. Dio a conocer una cruz que había matado a su Señor y le había dado vida, y después proclamó que todos los creyentes habrían de compartir esa misma experiencia.

Ese siervo de Cristo ha sido un campo de cultivo de vida para millones porque se rindió voluntariamente a un gran número de crucifixión injustas, crueles y despiadadas.

Al igual que Pedro. Al igual que Juan.

Al igual que tu Señor.

Al igual que otros hombres y mujeres que salpican las páginas de la historia de la iglesia.

En este momento hay cristianos a lo largo del planeta siendo crucificados. ¿Quién llegará hasta ellos y les mostrará a Cristo?

En el trabajo secular, bajo las manos crueles de jefes por encima de ellos, o de compañeros al mismo nivel, o de empleados por debajo de ellos… en este instante hay hombres y mujeres que de buenas a primeras ―sin advertencia previa― están siendo despedidos y echados al horror de un paro inesperado. Ahora mismo hay ministros perseguidos por iglesias e iglesias perseguidas por ministros. Los herejes de las organizaciones altruistas inter-denominacionales y de las misiones (y de las variadas organizaciones religiosas) están siendo tratados de un modo más cruel de lo que pueda imaginarse por sus hermanos. Hombres y mujeres dentro de la iglesia tradicional están siendo despellejados. Hombres y mujeres fuera de la iglesia organizada están siendo difamados con vehemencia y sin misericordia.

¿Dónde está el explorador? ¿Dónde está el que ya ha estado ahí? ¿Dónde la voz del consuelo? ¿Dónde el hombre que ya bebió de la copa? ¿Dónde la mujer que holló el lagar? ¿Dónde el laico que se ahogó en aguas profundas, el ministro con cicatrices que han sanado? ¿Dónde están aquellos que le reclaman al sufriente, “Este es el más excelente momento de tu existencia, ¡acéptalo en toda su plenitud!”? ¿Donde la voz que clama, “Este es un auténtico honor. ¡Acepta esta crucifixión, para que puedas vivir de nuevo!”?

¿Dónde los resucitados?

¿Dónde el corazón que testifica, “proviene de Dios. Sigue adelante. ¡Más allá! Más alto”?

¿Dónde la cruz?

¡¡Oh, amado, deja paso a los clavos!!






UNA DESPEDIDA

Nuestro tiempo debe acabar.

Has hablado con cierto detalle acerca de los cristianos y su relación con la cruz. ¿No eres tú también de los que ha experimentado una crucifixión?

Responder a tu pregunta implica traer luz a un último asunto, que es el de tu relación con aquellos que de tal manera abusaron de ti.

En respuesta a tu pregunta, no. No soy alguien que haya sido crucificado. Soy de aquellos que participaron en la crucifixión de Cristo. ¡Soy aquel soldado que introdujo la lanza en Su costado!

Recuerda que tu Señor te invita a perdonar a los que actuaron a mal contigo. Él es soberano, y Su historia con dichas personas no termina cuando te crucificaron. Es posible que algún día te acompañen a conocer la misma clase de destino que te acaeció a ti.

Perdona a aquellos que te crucificaron. Así haciendo, recibes perdón.

Ahora nos vamos a despedir. Eres tú quién eliges tu futuro.

El telón se ha cerrado.
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