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En el diario "La Vanguardia" de Barcelona (04-04-2007) aparece una entrevista con este sacerdote del Opus Dei autor de más de veinte libros. La reproducimos aquí integramente.
Pregunta: Así que es usted del Opus... Respuesta: Sí, ¡y no soy albino, ya me ve!: sólo soy calvo. P: Y con sentido del humor. R: Con sentido del humor y contundencia es factible encauzar acertadamente la energía del propio yo. P:¿Con qué fin? R: Superar el miedo y ser feliz. P: Contundente sí le veo... R: Mi trabajo como sacerdote consiste en esto, en enseñar a los jóvenes a superar su miedo a admitir que Dios es bueno. ¡Y les enseño que es posible ser feliz! P: ¿Cómo ve a los jóvenes con los que trata? R: Desmotivados, desorientados, desconcertados. P: ¿A qué lo atribuye? R: A que les han hecho creer que se puede ser feliz sin el esfuerzo de la superación, sin la tensión del compromiso, sin el dominio del yo, sin la grandeza de la rectificación. P: Y no, ¿no? R: No hay felicidad sin eso. Hoy vivimos sumergidos en un optimismo antropológico que conduce a estados depresivos. P: ¿Qué debo entender por "optimismo antropológico"? R: La fe en un progreso incesante de la humanidad, de que mejoraremos siempre. P:¿No es usted optimista, entonces? R: Soy optimista, pero con un optimismo anclado en la libertad humana. Yo confío en la libertad humana, ¡que es la que maneja el destino!: sólo ella podrá generar una nueva cultura en la que la persona sea el centro, en la que volveremos a creer en el amor. P: ¿No creemos ahora en el amor? R: Lamentablemente, no. Porque vivimos en una cultura racionalista, que hipertrofia la razón y atrofia el corazón. P: ¿Desde cuándo vivimos así? R: Desde que la Ilustración escindió "saber" y "creer", es decir, ciencia y religión. La ciendia se dedicó a pontificar sobre lo verdadero y lo falso; la religión, sobre lo bueno y lo malo. P: Una higiénica especialización de tareas. R: Es enfermiza: ¡verdad y bien quedan separados! Por eso el desarrollo científico dejó al margen los valores, los ha orillado. P: ¿Tan grave es esta "enfermedad"? R: Sí, porque la razón sin corazón es... ¿qué es? Es un vivir... ¡un vivir sin saber bien para qué vivir! P: Se lo pregunto a usted: ¿para qué vivir? R: ¡Para amar! P: Para amar... R: El que no vive enamorado está acabado. P:¿Sí? R: Repase sus vivencias de felicidad: están ligadas a otras personas, ¿no? Somos felices cuando nos trascendemos. Cuando amamos. P: Entonces, ¿la felicidad consiste en amar? R: ¡Sí! Pero, atención: no podrás amar si antes no te dominas a tí mismo, si no vives la tensión de la superación. P: ¿Está diciéndome que amar exige esfuerzo, disciplina, un aprendizaje? R: Sí. Se trata de vencer nuestra inclinación a apartarnos, a buscar dentro lo que sólo está afuera, en la comunión con los otros. P: Resumo: vivirás feliz si amas. Y, para amar, mira afuera. R: Eso es. La felicidad ni se tiene ni te llega: ¡la felicidad se conquista! Mira a la cara de los otros, ama. Vivir amando: eso es el éxito. Y entonces te caerás bien. P: Y a ver qué pasa. R: Lo que pasa es que el mundo deja de estar mudo y comienza a hablar, a tener sentido. P: ¿Y cómo es el mundo para quien no se cae bien? R: Al que no se cae bien es fácil identificarlo: se aburre, o está de mal humor, o se aísla... Imagínese cómo es el mundo para él, pobre... Es alguien infeliz porque olvidó que estamos hechos para amar, que todos somos protagonistas. P: Pero quizás nos falte algo de autoestima. R: La autoestima consiste en saberte amado. Si te sabes amado, no necesitas nada más en la vida. Vivir de verdad consiste en eso: amar y dejarte amar. P: Todos nos dejamos amar, pero... R: ¡No esté tan seguro!: sin darnos cuenta, vamos poniéndonos corazas durante la vida (el "yo molusco" lo llamo), corazas que nos blindan el corazón, nos alejan del amor... P: El amor ¿está dentro o fuera? R: En las grietas de la coraza: por ahí podemos sacarlo y recibirlo. Todos tenemos desgastadas las yemas de los dedos de tanto ir buscándonos las grietas en la coraza... P: Usted buscó y se hizo sacerdote, ¿por qué? R: ¿Por qué te enamoras cuando te enamoras? P: Entiendo que usted está enamorado de Dios, pero ¿por qué la gente no va más a misa? R: Quizás porque a los sacerdotes oficiantes nos cuesta, a veces, creernos la puesta en escena porque: ¡es tan grande el misterio! P: ¿Ha leído "El código Da Vinci"? R: No. Pero entiendo que su éxito habla de esa inclinación a la búsqueda que es inherente al ser humano, a esa búsqueda del misterio que se encierra en la religión. P: ¿No había muerto Dios, según proclamó Nietzsche? R: Lo dijo porque creía que Dios impedía ser libre al ser humano. Y por eso lo mató. Y al hacerlo apartó todo lo bueno, lo sencillo, lo bello... Eso es desconfiar de la bondad. P: ¿Y qué le argumentaría usted a un ateo? R: Que lo racional es gozar de que la razón no alcance a regirlo todo. Que lo racional es gozar de habitar en el misterio. Víctor-M. Amela |
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