La 'parroquia de los excluidos' de Madrid se resiste al cierre ordenado por Rouco
«No sé si enviarán a la Guardia Suiza, pero no vamos a abandonar al barrio», advierte el párroco
La parroquia de San Carlos Borromeo de Madrid, estandarte de la Teología de la Liberación, se prepara para vivir su particular semana de Pasión. El Arzobispado de la ciudad ha decidido cerrar el templo como lugar de culto y cedérselo a Cáritas Diocesana con el fin de que los servicios sociales que se prestan desde allí «no sólo no se vean afectados lo más mínimo, sino que se refuercen», según dijo la Iglesia madrileña a través de un comunicado. Los curas y organizaciones que trabajan en el barrio han decidido pasar a la acción, al entender la decisión como una afrenta contra su manera de entender la fé. «No sé si van a enviar a la Guardia Suiza o qué tienen pensado hacer, pero nosotros no vamos a abandonar la parroquia», advirtió ayer el párroco Javier Baeza.
El entonces arzobispo de Madrid, Angel Suquía, eximió de las responsabilidades pastorales hace 22 años a la parroquia de San Carlos de Borromeo, conocida como 'la de los excluidos'. Abierta sólo cuatro años antes, la congregación del barrio de Entrevías se había hecho popular por las formas utilizadas para acercar a la Iglesia a los más necesitados y a los jóvenes de la zona, una de las más pobres de la ciudad. El actual equipo arzobispal, a cuyo frente figura Antonio María Rouco Varela, considera sin embargo que San Carlos Borromeo trabaja esencialmente en «la atención y el servicio en el ámbito de la marginación social» y que ya se hacía necesario acometer una «organización pastoral» que diera «forma jurídica» a la tarea emprendida por Suquía en 1985.
Rosquillas por hostias
¿Qué va a pasar con los sacerdotes que trabajan allí? La respuesta dada ayer a esta pregunta por un portavoz del Arzobispado a una agencia de comunicación da una idea de la visión de la situación que tiene la Iglesia oficial. Según explicó, los curas continuarán atendiendo a «adolescentes, jóvenes e inmigrantes», pero no se entiende que «celebren misa en ropa de calle y den a comulgar rosquillas en vez de hostias; eso no es una eucaristía de acuerdo a los cánones de la Iglesia católica».
«¿Por qué el obispo no cree en nuestra fe, cuando Evangelio literalmente significa 'Buena noticia' cuando eso es precisamente lo que hemos venido experimentando aquí?», se preguntaban ayer los religiosos de la parroquia Javier Baeza, Pepe Díaz y Enrique de Castro, el famoso 'cura rojo'. Su cercanía a los feligreses ha propiciado en las últimas décadas, según dicen, el nacimiento de grupos «como el de Madres, Traperos de Emaús, Coordinadora de barrios, Escuela de Marginación...»
Baeza adelantó ayer que están dispuestos a seguir adelante. Hoy han convocado una nueva asamblea para acordar la continuidad de la tarea iniciada. «Los chavales del barrio demandaban cercanía y ellos se la han dado», les respaldó Carmen Díaz, fundadora del grupo de Madres contra la Droga.
Comentario: No sé si les servirá de mucho, pobre de mí, pero también cuentan con todo mi respaldo.
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