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El Lamento de la Iglesia.
España Al ir de una iglesia a otra oigo un lamento espiritual que no puede oírse con los oídos de la carne. Un lamento profundo de una Iglesia que sufre no porque esté luchando contra los enemigos, tan traídos y llevados del diablo, el mundo y la carne. Sino un sufrimiento aún más profundo, si cabe. Porque no lo causa un enemigo sino quien más le quiere (humanamente hablando). Cuando sufres en tu enfrentamiento diario contra los enemigos de tu alma lo soportas con estoicidad, y aún casi te alegras porque sabes que ese sufrimiento es fruto de tu lucha, y si luchas es que estás vivo y no muerto. Sin embargo, cuando sufres, y tu sufrimiento es causado por aquellos a quienes amas y quienes te aman y debieran protegerte, te duele más profundamente. Tanto, que cierras tu garganta para que nadie oiga tus gritos de angustia y dolor. La Iglesia está sufriendo por causa de sus pastores. No es que los pastores quieran hacer sufrir a la Iglesia. Ya he dicho que ellos la aman. Pero la hacen sufrir, aunque no sea esa su intención. ¡Porqué ocurre esto!. La respuesta es que ellos mismos están sumidos en un profundo dolor espiritual. La razón es que los pastores se sienten solos. No importa el número de colaboradores que tengan. Se sienten solos. Un espíritu inmundo de competencia se ha introducido en las filas del pastorado y los está haciendo compararse con otros pastores. Esto les está llevando a estar tan ocupados en "sus" tareas, que no tienen tiempo para estar a solas con el Señor. Tan cegados con el deseo de "tener éxito" en su ministerio, que han perdido el discernimiento espiritual. Tan cuidadosos con mantenerse "arriba" en "su" puesto, que no delegan para que nadie se lo arrebate. Yo se bien que este no es "tu" caso. Pero hay muchos pastores que han permitido que ese demonio de competitividad les separe de otros ministerios robándole así la cobertura espiritual que todos necesitamos para mantenernos equilibrados, con su consejo y corrección. Y la Iglesia sufre por las consecuencias que esto arrastra: celos, contiendas, divisiones. Ese espíritu de competencia les ha amargado la vida ministerial. De manera que a diario nos encontramos con pastores que parecen no tener ningún problema en su vida excepto en el área ministerial. No es extraño que muchos acaben abandonando el ministerio. La Iglesia ve esto y sufre en silencio sus terribles consecuencias. Muchos pastores se sienten desorientados. Han pasado de largo por Romanos 6 "Muertos al pecado, Siervos de la justicia" y lo han considerado una meta, una esperanza. Han intentado con todas sus fuerzas conseguirla y se han visto frustrados. De manera que se han afincado en Romanos 7 y viven en una continua lucha por el bien que no alcanzan. Han permitido que, en sus propias vidas, el Evangelio se parta en dos y viven obsesionados con la segunda parte de Romanos 6:23 "La paga del pecado es muerte". Viven bajo juicio y predican juicio contra la Iglesia. Se sienten bajo maldición, y sus mensajes están llenos de maldición. La Iglesia es llevada a establecerse en Romanos 7 y desconoce el capítulo siguiente. Aún cuando algunos se atreven a predicar sobre él, lo hacen poniendo el énfasis en el anterior. Citan Gálatas 2:20, pero sólo la parte intermedia del versículo: "...Ya no vivo yo, mas vive Cristo en mi" y olvidan que eso sólo es posible cuando: "Con Cristo estoy juntamente crucificado,...y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí. No desecho la gracia de Dios; pues si por la ley fuese la justicia, entonces por demás murió Cristo." ¿Será que muchos pastores han sido enseñados a ser salvos por la fe, pero en cuanto a vivir en victoria, se vuelven a las obras?. Se hace necesario volver a la teología divina. Porque a veces damos por sentado ciertas cosas que pasamos por alto, y al hacerlo "caemos de la gracia." Parece increíble, pero es necesario retornar a los rudimentos del Evangelio de la fe en Jesucristo. Mientras esto no ocurra, la Iglesia sufre al tratar de vivir la vida cristiana en las fuerzas de la carne que debió quedar crucificada con Cristo. Oro al Señor de la Iglesia para que nos ayude a echar fuera el espíritu de competencia, y que nos envíe un espíritu de colaboración que nos lleve a la amistad y al compañerismo en el ministerio evitando así sentirnos solos y permitiéndonos cumplir la ley de Cristo de: "Llevar los unos las cargas de los otros". Solo así dejaremos de oír el lamento de la Iglesia, y la podremos oír alabando a nuestro Señor. El Príncipe de los pastores. Nicolás García Centro de Restauración Social. e-mail: Havalan@teleline.es |
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