El Fondo Monetario Internacional" un mal que impone
Ecuador
El Fondo Monetario Internacional, se ha convertido en un síndrome inmuno deficiencia, que busca imponer su poder económico basada en ordenes imperialistas que empobrecen a países en busca de desarrollo. Lamentablemente en el Ecuador, esta en marcha el programa de dolarización, con el cual se hizo ilusionar al pueblo, haciéndolo creer que traería mejoras, pero hoy la mentira se la ve reflejada en la falta de empleo, de atención a la salud de los sectores mas necesitados, en la deserción escolar del nuevo periodo lectivo del periodo sierra, en la continua lucha de compatriotas por abandonar el país y mas en el gran robo del siglo y aló mejor del milenio, en donde, el supuesto congelamiento que hizo el entonces presidente de la república, Jamil Mahuad, destruyo el capital que muchos ecuatorianos trabajadores lo tenían en la banca, para en cierta forma favorecer la corrupción de los grandes banqueros corruptos que a costa del sudor del pueblo se han hecho millonarios, y que Ahora los gozan en otros países.
Pero continuado con la reflexión de lo que el FMI. es para los países pobres no cabe la duda de que el hecho de estar en nuestros países les hace inconscientes y les transforma en imponedores de obligaciones que para el pueblo que en verdad trabaja no los aguanta más, y es que como lo dije anteriormente en otra opinión la dolarización a sido un dolor mas que el pueblo ya no resiste, pues la injusticia reflejada en los costos elevados de la canasta básica y los bajos salarios, son el fiel reflejo de este sufrimiento.
Cabe señalar que también los grandes culpables son los políticos corruptos que lo único que buscan es bienestar para ellos mientras pueden robar al pueblo.
Por lo tanto es hora de que el FMI. tome conciencia de que imponer no es remedio para que los pueblos pobres paguen lo que los corruptos se han robado sino que es también deber del mismo, ayudar a meterlos en la prisión para que de esta manera el pueblo que trabaja pueda surgir, y alguna vez les diga gracias.
José Eduardo Plaza Morocho
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