El imperio del terror.
Guatemala
Es lamentable en verdad, desde todo punto de vista, lo que ocurrió en Guatemala, y la sosobra que hoy todavía existe entre la gente pobre, inocente y humilde del país.
La corrupción que llevó a unas pocas familias a mantener el poder abosluto en el país casi desde el descubrimiento de América, han postrado en la más sórdida pena la paz y tranquilidad entre las gentes. Miles de miles de asesinados y desaparecidos es el resultado de la soberbia. Lo más grave es que se llaman católicos practicantes aquellos que pusierón en marcha el genocido apátrida del pueblo indígna y campesino. Son las gentes pudientes con acceso a la mejor educación local como extranjera quienes han propiciado el odio sectario.
Desafortunadamente así ocurre en la mayoría de lo que es el conjunto de latinoamérica. Detalles más detalles menos la constante sigue repitiéndose.
En este estado de cosas pregunto a los hermanos en la fe. Ha sido suficiente con ser creyente? es suficiente asistir a los oficios de la misa y escudarse en las palabras místicas de los sacerdotes en sus homilias? o hace más bien falta un empujón que nos saque de la cómoda situación muchas veces privilegiada del no compromiso y la indiferencia que busca evitar problemas. Personalmente tengo una conclusión que es la misma a la que llegó Carlos Cuauht emoc Sánchez: "La sociedad corrupta no tiene otro origen que familias corruptas" nada se puede intentar para arreglar el problema sino no se parte de las familias. A quienes de nosotros nos enseñaron a ser padres? Simplemente nos hemos dejado acomodar con lo que aprendimos al respecto de nuestros padres cuando nos educaron o malformaron, repitiendo el mismo ciclo. Pero todo lo que no es posible mejorar es de mala calidad, y eso incluye el mensaje que los pastores de la Iglesia llevan del Evangelio.
El Evagelio es eterno y sus verdades también, son inmutables, pero se exige un liderazgo de nuestros pastores con métodos modernos, atrayantes que enseñen a la luz de la palabra de Jesús de acuerdo a los tiempos modernos. Ataquemos la indiferencia, ataquemos la corrupción fruto de todo mal social, desde las familias y núcleo, las parejas. Dejémonos de tantas palabrejas místicas, que en otras no son sino aburridoras repeticiones de lo mismo. Pasemos a una acción educadora, sólida, coherente. No interesa tanta exégesis. Hoy existe un clamor por saber como educar, como prevenir, como llenarse de amor para poder compartirlo en hechos reales, hoy y ahora, con nuestros semejantes.
Federico Paris
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