Su argumento, señor Cotero, adolece de un punto débil: ¿quién nos garantiza que la leyes que dió Moisés provenían de Dios?
Además, en el Nuevo Testamento, Jesucristo se preocupaba más del daño que se pudiera inflingir a otras personas y del que pudiera hacerse uno mismo que de imponer unas normas. "A Dios lo que es de Dios", de acuerdo, pero ¿es de Dios querer imponer unas costumbres que pueden ser más o menos adecuadas? No intento justificar nada con ello. El pecado existe, de acuerdo, como delito frente a Dios. Pero me cuesta creer que Dios quiera que, por mucho que ame a una persona y se sienta uno atraído por la misma, deba de contenerse y violentarse antes de celebrar una ceremonia que, en época de Cristo y durante mucho tiempo antes, era puramente civil, no religiosa.
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