La resurrección sólo llega porque primero hay una crucifixión. La cruz afirma siempre la resurrección. Lo segundo es imposible sin lo primero.
No puede un peregrino aprender mayor lección que esta: la crucifixión es la invitación de Dios a la resurrección.
Cuando uno desea la resurrección solicita así mismo la cruz.
Si tu Señor decretó una crucifixión en tu vida, fue una invitación para conocer la resurrección. Esa invitación, querido hijito de Dios, es un honor.
La esencia de la crucifixión consiste en que es un portal que hay que atravesar para llegar a la plenitud de la resurrección.
La crucifixión es una invitación del más alto standing para el más alto de los reinos.
Un crucificado tiene a su alcance el más alto nivel del cristiano vivir... la vida más allá de la crucifixión. Vivir en resurrección. Esa es la más alta instancia de vida cristiana.
La meta de tu Señor en todas las crucifixiones es traer a una persona a un lugar de vida que está más allá de esta creación visible... ¡vivir en una nueva creación en la que el pasado se ha evaporado por completo!
Jesucristo lo perdió todo en la crucifixión. Todo cuanto consiguió en esta tierra fue destruído. Cuando los hombres le depositaron en una tumba, nada podía mostrar que respaldara sus treinta y tres años sobre la tierra.
Sin embargo, en esta su pérdida de todas las cosas, soportó la cruz y despreció la vergüenza. ¿Por qué? Porque sabía que había una gloria esperándole en el futuro. Así funcionan las cosas en una crucifixión.
Ahora mismo es posible que estés colgando de una cruz, pero tiene un propósito. Una resurrección te está esperando, tan gloriosa que echará en el olvido los propios recuerdos de esa cruz.
Contempla la belleza, el honor de ser crucificado por cristianos. ¿El propósito de Dios? Ese propósito incluye tu resurrección.
¡La vida resucitada está por encima de la vida que anteriormente fue vivida! Siempre.
Gracias a Él por el privilegio de ser crucificado. Contempla el gozo inefable, la oportunidad sin parangón que tan sólo la crucifixión te permite. Contempla ante ti una luz cegadora. Es un día nuevo. Admira esa nueva creación. Esa nueva creación, que sólo puede vivirse en resurrección, se encuentra mucho más allá y más arriba del punto en que una crucifixión es capaz de alcanzarte.
Estás rozando la resurrección con la punta de tus dedos. Pero con la misma certeza con que no puede haber resurrección sin crucifixión, no puede haber auténtica crucifixión sin Getsemaní. Haz las paces con Dios.
Él quiso tu crucifixión para que puedas ver tu propia reacción; para que pudieses contemplar tu lado oscuro; para que tu lado oscuro, tan solapado a tu vida y personalidad, sea tratado; para que puedas hallar tu senda hacia Su mano soberana y rendirte a los misterios de Sus caminos; para que tu voluntad pueda tocar en la misma nota.
Únete a tu Señor en Getsemaní, únete a Él en el Gólgota. ¡Es entonces cuando puedes unirte a Él en resurrección!
Él desea que le permitas que sea tu todo. Él quiso que vinieras a aceptar que todas las cosas se originan en Él. ¡Por amor!
¡En este momento tu Señor camina y vive en resurrección! Él vive más allá de. Él vive más allá de lo peor que pudiera suceder. Él vive más allá de lo peor que pudiera ocurrir porque le ocurrió lo peor. ¡Él vive más allá de la Muerte!
Dicha senda de gloria está ahora abierta para ti. Un Señor resucitado está esperando a un creyente en agonías de muerte.
¿Cuál es la diferencia entre la vida y la vida resucitada? Esta: ¡puedes matar la vida! Mira hacia el Gólgota y aprende que aún la vida divina puede matarse. Pero no puedes matar la vida de resurrección. No puedes matar la vida divina que se halla al otro lado de la crucifixión. La vida divina… crucificada. La vida divina… resucitada. No hay nada que pueda tocar esa vida. Cuando te has levantado de los muertos, ¡¡nada puede tocarte!!
Hay un propósito grande y glorioso en la cruz, ¿verdad?
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hebert_58 el prinicipio de la sabiduria es el temor de DIOS
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