¿Por qué permitió Dios este terrible trance en tu vida? Confrontemos esa pregunta sin más rodeos.
¿Nos atrevemos ahora a enfrentar el hecho de que no sólo la permitió sino que la deseó? La respuesta se halla en descubrir el más profundo de los misterios de la cruz... ¡el más profundo secreto de Dios en cuanto a por qué Jesús fue crucificado!
Sabes que Él murió en la cruz para salvar a los hombres de sus pecados. Pero aquí hay un asunto personal. El Padre permitió que la crucifixión llegara a la vida de Su Hijo por una razón del todo asombrosa.
¡Jesucristo fue crucificado porque le faltaba algo!
¿¿Qué??
Había algo que Jesucristo no sabía, y que necesitaba aprender.
Había una carencia en la vida de Jesucristo. La Palabra de Dios testifica de esta sorprendente proposición.
¿Qué podía faltar en Jesús, el Cristo, el Hijo Eterno? Había cosas que Jesucristo no sabía y que no podía saber más que siendo crucificado. El Padre quiso que Jesucristo fuese crucificado porque Jesucristo necesitaba ser crucificado para aprender estas cosas.
Te deja de piedra, ¿verdad que sí? Sin embargo, la Santa Escritura es clara.
Aunque era Hijo,
aprendió la obediencia
por lo que padeció.
Hebreos 5:8
Jesucristo aprendió algo que sólo la crucifixión podía enseñarle.
El Hijo aprendió a obedecer a Su Padre, aunque aquello incluyera morir. Sólo una crucifixión podía suministrar la formación. Aprendió una obediencia que jamás había conocido previamente.
Esta clase de obediencia no consiste sencillamente en obedecer órdenes. Esta obediencia es de un tipo mucho más alto e insólito. He aquí una obediencia que habla de un pleno concierto entre el Padre y el Hijo. Este es un asunto en el que todas las cosas se constriñen en rendición.
Inimaginable profundidad hay en una rendición tan peculiar. Significa que sea lo que venga, por muy aciagas que se pongan las circunstancias, tú permaneces en un estado de rendición. No necesitas días gloriosos. Los días buenos y malos son lo mismo porque habitas en un estado de rendición. Cada día, sea cual sea su contenido, es el mejor de los días.
Tal era el propósito del Padre en el Hijo.
¿Pero no era ya ese el estado constante del Hijo?
Sí, sin duda. Hasta el Getsemaní. Justo hasta la hora de la crucifixión. En todas las cosas... excepto en ser crucificado. Tuvo que aprender a obedecer a Su Padre cuando llegó esta infamia.
El Padre decretó que el Hijo aprendiera a rendirse incluso a esto.
¡¡También es así contigo!!
La crucifixión, y sólo la crucifixión, marcó el descubrimiento de que, por un instante, había un límite a la rendición del Hijo.
¿Es pues de sorprender que tú hayas experimentado un tiempo harto difícil para rendirte a una crucifixión?
Dos voluntades estaban en total concierto. Por un momento esas dos voluntades discreparon. En cuanto el desacuerdo se zanjó sus voluntades se hicieron eternamente una. Indistinguibles. Completamente indistinguibles. Una única voluntad. El punto principal de ese desacuerdo fue una sangrienta cruz; el desacuerdo se zanjó en un jardín.
Por lo tanto es aquí donde ves la obediencia… ¡obediencia con el fin de aprender! ¿Aprender qué? Aprender a estar de acuerdo a ser crucificado.
En tu caso, consiste en aprender a ser crucificado incluso por otros cristianos.
Cuando has rendido tu voluntad a lo peor que pudiera ocurrir, ¡no hay nada en ninguna parte que pueda superarlo! Sencillamente no hay nada allá afuera esperándote para destruirte que prevalezca a una sangrienta e injusta crucifixión.
Por lo tanto observamos al Getsemaní bajo su verdadera luz.
En ese oscuro lugar, admite la coreografía, los transeúntes del drama, que tus amigos se hayan olvidado de ti, la sangre y la masacre, la maza y los clavos y el madero, la infamia, la vergüenza, la traición, la pérdida de tu reputación por el resto de tu vida. Consiente las mentiras y los perennes rumores. Consiente a Caifás y Ananías. Consiente a los peores, los más oscuros y desagradables momentos que la vida pudiera contener.
¿Qué ocurre si rehusas tu Getsemaní? Sólo puedes rehusar si insistes en creer que tu crucifixión es algo injusto e impuesto por hombres crueles. Esta no es una manera sana de vivir. Si tomas esa senda, ¿qué te depara el futuro? Quizás contenga algo que jamás hayas considerado. La vida puede que termine con una perspectiva de los acontecimientos diarios algo parecido a esto: “cristianos viciosos, desagradables y sinvergüenzas abusaron de mí. No sabes tú bien lo que me hicieron. Pásame un limón; me pasaré lamiéndolo lo que me reste de vida.”
Es posible que semejante perspectiva de la vida siga de aquí en adelante manando de ti cuando otro cristiano te maltrate. Puede que aumente hasta que cada instante de la vida esté coloreado de dicha perspectiva. Rehusa hoy a la sanidad, y un simple arañazo te aplastará.
Señor, me rindo. A tus ojos mi crucifixión fue algo precioso. Fue lo mejor de ti para conmigo. Fue lo mejor para tus propósitos.
Que el Señor abra tus ojos para ver que hay un propósito y belleza en aquel día horrendo en que fuiste crucificado por cristianos.
Si te rindes, ¿qué te depara el futuro?
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hebert_58 el prinicipio de la sabiduria es el temor de DIOS
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