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Debes buscar y hallar... el Getsemaní. El jardín les espera a todos los peregrinos. Cuando al fin llegues descubrirás que Tu Padre también está ahí.

Incluso ahora te espera.

Mientras cruzas por sus puertas, deténte y date cuenta de que hay algo aquí precioso y alentador, saber que tu Señor también pasó por grandes apuros mientras entraba por estas mismas puertas. El hecho de que todo lo que había en Él se estremeció ante la idea de ser crucificado te da permiso a ti a pasarlo realmente mal para aceptar la crucifixión. Ese hecho te da derecho a luchar, a resistir, a ver que te sea casi imposible estar de acuerdo con la voluntad de Dios. La lucha de tu Señor en este mismo tema te da derecho a permanecer en pie tembloroso, aterrorrizado y confuso frente a los valores divinos. Te da permiso para querer correr, esconderte y gritar, “No, Señor, esto es más de lo que puedo aguantar. Esta vez no puedo acompañarte.”

Tienes el permiso de la instancia más alta posible de no querer ser crucificado por otros. Sobre todo cuando es por tus propios hermanos.

Cuando un cristiano es maltratado por otro cristiano, es fácil preveer las consecuencias. El cristiano ofendido reacciona negativamente, a veces con vehemencia, incluso con depravación. Cierto, tu Señor no actuó de esta forma, pero sí que dudó. Vuelve a leer la historia. A Jesucristo no le parecía bien del todo que fuera crucificado. Cuando llega el momento de tratar con una crucifixión, cuando llega el momento de ser clavado a una cruz, todos los creyentes se encuentran sobre un terreno común. Se aceptan las dudas. Pero, ¿el rechazo? ¡Ah! Eso no debes hacerlo. Perderás algo muy valioso. Halla consuelo ante la realidad de Sus luchas, pero no debes hallar excusas.

Reconfórtate en esto: tu Señor temía, aún le asustaba, la crucifixión. Cabe la posibilidad de que hubiera podido considerar el rechazarla. Lo que es seguro es que tenía una opinión forjada al respecto. Tu Señor tenía voluntad propia. Esa voluntad se mostró en todo su explendor en el Getsemaní. Fue la primera vez que ejercitaba Su propia voluntad ante la voluntad del Padre. En el caso de que aceptemos que Su humanidad se estaba desvelando, entonces debes saber que Gólgota sabe cómo sacar a la luz la humanidad de todos.

¿No es esta la más conmovedora y emocionante de las escenas? La voluntad de Jesús el Carpintero enfrentada a la voluntad de Dios Su Padre. Escucha como tu propia voz se une a la Suya, “lleguemos a este acuerdo de que no seré crucificado.”

¡Nadie jamás accedió con facilidad a ser clavado a un madero?

Difícil, sí. Pero rendirse... este es el camino, el único camino, para todos aquellos que le siguen. No escuches a ninguna otra voz, ni a la lógica ni a la razón.

Ahora tienes el permiso ―de las más altas esferas― para no desear ser crucificado. En un momento semejante no se espera de ti que seas el perfecto y magnífico cristiano. Pero sí se espera de ti que te encares a este acto de ignominia. Getesmaní requiere que te enfrentes a tu Señor, reconozas que esta brutal experiencia es Dios, y te rindas.

Tienes permiso para sentir el dolor y el temor. Pero tienes el ejemplo de tu Señor... ¡rendirse! Rendirse a todo lo que te es contrario. Es la naturaleza de tu Señor rendirse a Su Padre. Obtuvo esa capacidad de rendición y la atrajo a las entrañas y naturaleza de Su ser en Getsemaní. Tú no puedes hacerlo, pero Él puede ―su naturaleza es rendirse a la cruz― y Él mora en ti.

Oh, y aparte de eso Él es uno contigo. Ríndete a Su rendición. Permite que la vida divina, de la cual eres partícipe, sorba la vida humana.

¡Él puede vivir de nuevo el Getsemaní! ¡En ti!

Vuelve esta escena del revés. Obsérvala desde el otro lado. Entra en el territorio celestial. Allí ves las cosas más allá de tu comprensión. Contempla esta escena desde la perspectiva del Padre. Te enfrentas a valores tan extraños y ajenos que no puedes asimilarlos.

Contempla tu crucifixión a través de los ojos de Dios. Sea Su único Hijo.. o tú... ¡Dios favorece la crucifixión!

¡El Padre quería a Su Hijo crucificado!

También fue Su voluntad que tú fueras crucificado.
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hebert_58 el prinicipio de la sabiduria es el temor de DIOS
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