Muchos han venido hasta este jardín.
Por muy extraño que parezca, incluso el segundo ladrón tuvo que llegar a este lugar. Es verdad que Betard colgaba de una cruz en la hora de su Getsemaní, pero a pesar del lugar donde lo halló terminó por encontrarlo. Eso es lo importante.
Los más selectos siervos de Dios tuvieron todos que hallar la ruta que finalizaba en este jardín.
La primera persona que visitara Getsemaní fue tu Señor. Puede que el pensamiento más difícil de enfrentar en toda la vida terrenal del Señor fuera percatarse de que no quería estar en Getsemaní. Pero más inconcebible aún es entender por qué no quería llegar aquí. ¡La causa es sorprendente!
Jesucristo y Su Padre tenían un serio conflicto. Tu Señor tenía una opinión completamente distinta a la de Su Padre en lo que respecta a ir a la cruz.
¿Se te había pasado alguna vez por la imaginación que Jesús estaba en desacuerdo ―en conflicto directo― con Su Padre? Al igual que tú, a tu Señor le resultó duro encarar una crucifixión. Fue el único momento de toda la historia eterna en que el Padre y el Hijo discreparon. Sucedió una vez, y sólo una vez. En un jardín. El tema era...
¡La crucifixión a manos de Sus propios hermanos!
El punto a tratar entre el Padre y el Hijo tenía que ver con una crucifixión injusta. Tu Señor vivió un momento muy difícil al encarar el Gólgota.
Cierto, este conflicto de voluntades entre el Padre y el Hijo no hizo que Jesús tomara las riendas del asunto; sin embargo, no cabe duda: no quería ser crucificado.
La cruz es un concepto cuyo origen se halla en el Padre.
El Padre, que recorre las travesías del tiempo, sabía que te sería difícil enfrentar la cruz.
¿No es verdad que es increíble que el Padre de tu Señor quisiera que Jesús fuera crucificado?
La crucifixión no es un valor humano sino un valor divino. En el marco humano la crucifixión no es algo que se pueda aceptar por propia voluntad. Desde cualquier perspectiva la crucifixión es algo divino, ajeno a la visión del hombre.
¡No es de sorprender que hubiera un Getsemaní! Ese lugar es una necesidad, pues cualquier ser humano que se atreva a seguir el sendero divino se allegará a un Getsemaní. Cada cual permanecerá allí hasta que su voluntad se concierte con la divinidad, o perderá completamente de vista la forma divina de hacer las cosas.
Ese jardín es el lugar donde por fin la fragilidad humana se pone de acuerdo con la divinidad; es adonde llegas, al final, para ponerte de acuerdo con el Padre, con Su voluntad. Aceptas ser crucificado. Te rindes incluso a todo cuanto te hace temblar de horror. Mientras allí estés, puedes reconfortarte al recordar esto: jamás estarás más cerca del lado humano de tu Señor que en Getsemaní.
No debes seguir rechazando la crucifixión. En algún lugar... antes... durante... o después de esa pesadilla, debes estar de acuerdo en ser crucificado. Estar de acuerdo en lo que te repele, en lo que temes, en lo que es horrible, ignominioso y repulsivo. Admitir asimilar en tu persona lo que se diseñó para destruirte. ¡Estar de acuerdo en algo que, se vea como sea vea, parece tan intensamente anticristiano!
Consentir la destrucción. Eso es el Getsemaní.
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hebert_58 el prinicipio de la sabiduria es el temor de DIOS
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