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Para entender completamente la serenidad y dignidad de tu Señor debes captar lo que sucedió la noche anterior.

La noche anterior al Gólgota fue en todo tan oscura como lo fue Su crucifixión. Si no hubiera sido por el ministerio de un ángel aquella tarde tu Señor podría haber muerto de pura agonía.

¿Qué sucedió aquella noche? Tu Señor se enfrentó a Su Padre… en un jardín. En ese jardín consiguió el ingrediente necesario para triunfar sobre la crucifixión.

Si has de conocer sanidad y liberación absoluta de tus recuerdos, de las cicatrices de tu propia tragedia, será necesario que vengas a este mismo jardín y te hagas con el mismo ingrediente.

¿Qué es esto tan crucial? ¿Por qué es decisiva esta cita amorosa?

Estoy hablando de Getsemaní.
Un Getsemaní puede ser tan horrible como una crucifixión. Ves este hecho claramente en la medida en que te das cuenta de que tu Señor no soportó con demasiada facilidad Su Getsemaní. Tampoco a ti te será fácil.

Gracias a Dios, hubo un momento de rendición en el Getsemaní. Para Jesús fue una rendición a la perspectiva de la crucifixión que tenía Su Padre. Para ti será lo mismo.

Tengo una voluntad; esa voluntad está opuesta a Tu voluntad, Padre. Esta noche nuestras voluntades se moverán en sentidos opuestos.

Soy yo quien me rindo. Pongo Mi opinión acerca de este asunto en el altar del sacrificio. Que los acontecimientos sigan su curso.

Que los hombres hagan la voluntad de Dios. Que Yo sea crucificado.

¿Cómo te sientes al respecto de esta inmutable escena? ¿La cambiarías? La rendición de Cristo, ¿produjo ganancia o pérdida?

Mientras meditas esa cuestión, ¡haz de nuevo memoria de quién es el guionista de toda crucifixión! ¡Incluida la tuya! ¿Producirá pérdida o ganancia tu crucifixión? La ausencia o no de un Getsemaní es el factor determinante.

La crucifixión se pondera como una catástrofe sin provecho alguno. ¡Tu Señor ve la crucifixión como el suceso principal de Su vida! ¡Él mira a la crucifixión como parte primordial de tu vida! Para Él la cruz forma parte de Su obra en tu vida. El punto de vista de Dios del sufrimiento es la antípoda de lo que los mortales entienden.

Tú ves la crucifixión como una carnicería. Él la ve como gloria. La mente humana sencillamente no puede entender eso. Dios el Padre quiso que Su único Hijo fuera vergonzosamente crucificado en público. Hoy el Hijo no duda en disponer de tal manera las circunstancias de tu vida que vivas esta misma experiencia.

Del mismo modo que un Getsemaní le esperaba a Él, igualmente casi con toda certeza te espera a ti.

El Getsemaní de tu Señor consistió en rendirse a Su Padre. Aquello le resultó muy difícil de hacer, pero lo hizo; y como resultado de esa rendición fue clavado a una cruz. Hasta que no se rindió no pudo haber crucifixión. Una vez rendido, los sucesos y circunstancias se hicieron irreversibles. Tu Señor, en el Getsemaní, tomó casi literalmente Su propia cruz.

La rendición permite la crucifixión. La resistencia la anula.

Pero yo no sabía estas cosas cuando fui maltratado tan brutalmente por cristianos. Me resistí; así que no tuve Getsemaní. Hoy estoy enfadado. Los recuerdos siguen vivos. El dolor y el resentimiento aún me acompañan. ¡Desperdicié mi Getsemaní!

No necesariamente. Getsemaní no es un lugar ni un tiempo específico.

Para la mayor parte de los creyentes Getsemaní debe llegar después de la crucifixión. Después de todo, Getsemaní tan sólo es ese momento cuando al fin tu voluntad toca el mismo acorde que la voluntad de Dios. Es cuando asientes, aceptas, abrazas... tu crucifixión. ¡Algunos, como el segundo ladrón, deben hacerlo después del incidente!

El ladrón tuvo que tener su Getsemaní mientras estaba clavado a una cruz y tomaba su último aliento. A lo mejor también a ti te sucede así.

La mayoría de cristianos no están familirizados con el significado de la cruz en lo que respecta a la vida cristiana. En general, los creyentes no están familiarizados con la tremenda destrucción de una crucifixión. Como consecuencia los cristianos carecen de preparación alguna para el sufrimiento que conlleva.

Al no estar preparados para la cruz en sus vidas, han de descubrir su significado, lo cual implica que tengan su Getsemaní después del encuentro con la cruz. Es la misericordia de Dios la que permite esto.

Getsemaní no es un cuando o un donde, sino un requisito. Si no encaras tu Getsemaní la crucifixión que has conocido te destruirá... sin ninguna esperanza de resurrección. Aceptar que un Getsemaní llegue a tu vida lo cambia todo.

Tu Señor experimentó un momento terrible cuando luchaba por reconciliar Su voluntad con la voluntad de Su Padre. Ten esto muy en cuenta: la cruz hizo que Getsemaní fuese necesario para Él. Del mismo modo, para que seas crucificado de la manera apropiada en que un cristiano debe ser crucificado, también tú debes hallar tu Getsemaní. ¡Getsemaní es aún una necesidad! La cruz y Getsemaní están unidos de manera inseparable.

¡Es cierto que es difícil entender que cosas tales como el Calvario y Getsemaní todavía son necesidades en la época que vives! Sin embargo, casi con toda seguridad que la primera vez que oíste los rudimentos de tu fe te hiciste eco de las palabras “participamos de los sufrimientos de Cristo.”

¿Cuándo es el momento correcto de encarar tu Getsemaní? Cuando clames a tu Señor y digas, “ningún hombre me crucificó; fuiste Tú, mi querido Señor, y sólo Tú. Fue enviado a mi vida para edificación. Me rindo ante esa crucifixión.”

En ese momento has alcanzado el significado de la cruz en la vida de un cristiano.

¿Cuándo es tu turno para el Getsemaní? ¡Tu turno para tu Getsemaní es ahora mismo!

Tu Señor vivió Su Getsemaní antes de que fuera crucificado. El creyente, algo más fragil, casi inevitablemente ha de vivir su Getsemaní de rendición durante o después de la cruz. Sea antes o después, siempre es una agonía.

Acompáñame ahora hasta un jardín.
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hebert_58 el prinicipio de la sabiduria es el temor de DIOS
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