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Alt 10-may-2008, 07:26
verborestauracion@ verborestauracion@ ist offline
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Predeterminado

Ojalá seas tú el siguiente en ver!

Los enemigos de Jesús observaban con sombría satisfacción; sus antiguos amigos contemplaban confusos y avergonzados. Pero de todos aquellos que le miraban, sólo hubo una persona, sólo una, que le llamó Señor.

“¡Señor!” clamó el ladrón “¡Señor!” En aquel momento un hombre ignorante vio la sobernía. ¡Betard fue librado de todo el daño de la crucifixión! Vio al Soberano ejerciendo su soberanía. ¡Hallo una expresión a la revelación divina en una palabra! “¡Señor!”

Cuando otros se dedican a hacer de ti un villano, ¿no es verdad que todo lo que tú eres quiere hablar de ello, y al hacerlo justificarte a ti mismo? Jesucristo no se justificó; no se defendió. Permitió que el golpe de toda aquella tragedia arreciara contra él y le aplastara.

¡Cristo vio a Su Señor, y el ladrón vio a Cristo!

Su terreno común era: “Tú estás detrás de todo, Señor”.

En realidad, cuando el ladrón dejó de ver que estaba siendo escarmentado es cuando ciertamente fue crucificado. No, le estaban destruyendo. Aquel día, mientras abrazaba la crucifixión, el lado oscuro de la naturaleza de Betard murió. Crucificado para su bien, y para la gloria de Dios.

Aquella escena sanguinolenta sobre el Gólgota se convirtió de repente en un acto cristiano. ¡En un abrir y cerrar de ojos la cruz no sólo fue redentora, sino transformadora!

Todas las crucifixiones pretenden convertirse en una redención y una transformación. La misión de las crucifixiones no es el dolor y la amargura, sino el más sublime de los triunfos.

En aquel momento no había ladrón; eran dos hermanos que morían juntos. Betard entró en la compañía de los sufrimientos y de la crucifixión de su Señor.

¿No habrás tú de entrar en Su sufrimiento? ¿Entrar en Su cruz? Olvida tu crucifixión; ¡ve a compartir la Suya! Ojalá tengas semejante gozo y privilegio.

Aquí está el gozo de la destrucción, y de ver la destrucción destruida. La injusticia vuelta en transformación. “He sido crucificado por los hombres” pasa a convertirse en un triunfo por medio de Cristo. En el goce de ese instante, cuando el humo del fuego se disipa, ¡ves a Jesús!

Todo esto se halla en una palabra contrita, “¡Señor!”

Betard, en un relámpago de luz enviado por Dios, entendió el verdadero significado de la crucifixión. Vio el drama que se desenvolvía tras la apariencia, en lo invisible. Betard aprendió todo esto ante la única persona que jamás haya sido verdaderamente crucificada. Betard había palpado la crucifixión. Aún la ascensión.

Ahora estás donde estuvo aquel ladrón ese día. Estás en el infernal vértice de una pesadilla destructora.

Tu Señor ha preparado al menos dos crucifixiones.

La del ladrón… ¡y la tuya!

Sé tan sabio como el ladrón. Nunca permitas que una crucifixión provenga de los hombres. Sólo consiente que provenga de Dios.

¡Proviene de ti, mi Señor! ¡Para mi propio bien! Esto media sólo entre tú y yo. No hay nadie más involucrado en esta sangrienta hora. Esto no me gusta; es la cosa más difícil que jamás haya entrado en mi vida. Pero eres tú. Ahora te llamo Señor, Señor soberano. Otros hombres lo hicieron para mal; ¡Señor, tú lo hiciste por mi propio bien! ¡Acepto esta crucifixión! ¡La acepto de ti!

Tómala hasta lo sublime. Aprieta con fuerza la mano de Dios. Recibe esta ignominia como gloria. Atráela hacia tu propia seno. Recibe la vergüenza. Abraza el dolor. Alza en lo alto la copa. Álzala a los cielos; no, levántala hacia Él. ¡Luego bébete la copa! Toda ella.

Quizás tú, como muchos otros incluyendo el ladrón, no fuiste capaz de enfrentarte con demasiado éxito con tu crucifixión desde un principio. ¡Pero nunca es demasiado tarde!

Hoy puedes enfrentarte a esa crucifixión que quizás sufriste de modo injusto… apartarla del azar de las circunstancias, de los actos de los hombres, y depositarla de nuevo en las manos de Dios. Ojalá que haya de ser una crucifixión que provino tan sólo de Dios.

Señor, mi vida acabó junto a la tuya en el Gólgota.
Por la misma razón mi vida empezó ese día.
Ninguna otra cosa podría haberme salvado, ni haber producido tanto bien y tanta vida en mí.
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hebert_58 el prinicipio de la sabiduria es el temor de DIOS
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