Cuál es el desengaño? ¿Dónde se localiza tu mayor dolor? ¿Hasta qué punto te aferras a aquella injusticia?
¿Un puesto perdido? ¿Un título? ¿Algo que te quitaron que tenías en estima? ¿Algo que merecías y no te fue otorgado? ¿Algo que te hicieron que no merecías? ¿Posición? ¿Reconocimiento? ¿Ser anciano en la iglesia? ¿Ser aceptado? ¿Ser aprobado por los demás? ¿¡Tu forma de ser!? ¿El honor que nunca te dieron? ¿Qué alguien difundiera chismes falsos acerca de ti?
La crucifixión hace dos cosas. Desvela esas cosas… y las destruye.
Hace tiempo los cristianos crucificaron a un hombre que se llamaba John Huss.
Hallaron cargos en su contra considerados merecedores de comparecer ante un tribunal eclesiástico. Cuando comenzó el juicio no permitieron presentar a Huss evidencia alguna; ni siquiera le dejaron hablar. Se negaron a leer sus escritos y escuchar su defensa. Ahora bien, eso es injusto.
Pero estas injusticias no les impidieron llevar a Huss a las afueras de la ciudad de Constanza, Alemania, atarle a un poste y quemarle, ni tampoco ordenar que esparcieran las cenizas del lugar (no pararon hasta excavar un agujero en el suelo) y lanzarlo todo a un río, ¡para asegurarse de que ni una sola de sus cenizas permaneciese sobre la tierra!
A pesar de todo, Huss murió sin ira.
Los hombres han honrado igualmente a Juana de Arco. Ella aceptó su destino y murió en muda alabanza a Dios.
Diáconos que odiaban tanto a su pastor que cuando le despidieron no le pagaron el salario de la última semana. Cuando se les preguntó por qué, respondieron “porque queremos que sufra”.
¡Es injusto! Pero sucede… ¡¡y proviene de Dios!!
Lo que es revelado en momentos así es el resultado de un acto soberano de Dios. Lo que es revelado, si alguno se atreve a mirar, puede también ser devastador. No es fácil detenerse y contemplarlo, ¿verdad?
Pero recuerda, si continúas alimentando la pesadilla jamás vas a considerar que lo que te aconteció fue una crucifixión.
El propósito de una crucifixión es exponer al desnudo tu reacción al ser crucificado ante el mundo, los hombres, Dios y los ángeles.
Una crucifixión expone la reacción propia cuando uno es crucificado.
Si montas en cólera, si devuelves el golpe, altercas, te desgañitas y profieres alaridos, si acusas y echas las culpas a los demás… ahí se quedará todo. Ten por seguro que eso no es una crucifixión. Eso es gente masacrándose mutuamente.
¿Entonces no toda crucifixión es una verdadera crucifixión? Si no es así, ¿cuál es la verdadera crucifixión?
La verdadera crucifixión tiene un final. ¡La verdadera crucifixión acaba triunfando!
Si aceptas la traumática experiencia como una obra soberana de Dios, si capitulas a Su voluntad entonces Él empieza a verla realizada. No sólo es una crucifixión sino que de repente se convierte en una obra santa de Dios. Las cosas que requieren destrucción son destruidas. Las cosas que Él desea que persistan… viven en victoria.
Persiste en contemplar el suceso como la conducta injustificable de hombres malvados y nada se ganará. La única consecuencia es un alma constreñida. Tu futuro es entonces el que le depara a cualquier criatura amargada.
Ten ánimo. Aún ahora no es demasiado tarde para recibir ese acontecimiento como algo que prevenía al completo de la mano de Dios. Recíbelo de Él como algo para tu bien. Para tu transformación. Para la destrucción del lado oscuro de tu ser. Para tu resurrección.
__________________
hebert_58 el prinicipio de la sabiduria es el temor de DIOS
|