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Hubo cólera? ¿Resentimiento? ¿Atacaste? ¿Cuál fue tu conducta? ¿Enseguida buscaste culpables? ¿Escudriñaste las acciones de los otros, analizando los detalles y la motivación que había detrás del más pequeña trivialidad? Tu respuesta puede que derrame luz una vez más sobre el propósito de Dios al permitirte atravesar estos torrentes.

¿Cómo te fue?

No es necesario que respondas si tu respuesta es embarazosa, y es probable que lo sea. Consuélate con el hecho de que la mayoría de los creyentes no se las apañan muy bien cuando son crucificados. ¿Cuál es su típica conducta? Lo normal es que los cristianos guarden resentimiento. Contienden. Polemizan. Atacan. Razonan. Hablan… ¡hablan mucho! Hacen de ello algo personal. Nutren el rencor y mantienen las ascuas de los terribles recuerdos. (En términos generales los cristianos no son que digamos muy cristianos cuando se les crucifica.)

¿Te acuerdas de una reacción parecida por tu parte?

Si es así, considera esto: es posible que Dios desee llevarte más allá de esas reacciones.

Entonces nos encontramos ante una pregunta muy importante, ¿verdad que sí? ¿Cuál fue tu conducta? Cualquiera que fuera tu reacción a una crucifixión, tenla en cuenta.

Ánimate en esto: a lo largo de la historia cristiana es muy difícil encontrar a un solo creyente que haya solventado con noble carácter una crucifixión.

Puede que nunca haya habido nadie que haya acogido una crucifixión de un modo perfecto. Unos pocos han pasado la suya con sobresaliente, pero aún en este caso la mayoría de estos creyentes fueron crucificados a manos de ateos, no cristianos. Ser tratado de modo brutal por compañeros cristianos le sitúa a uno mismo en una situación mucho más difícil de manejar.

La crucifixión, tomada al nivel más alto, es contraria a todo lo que significa la naturaleza humana. Cada creyente, para poder ver los acontecimientos como los ven los ojos de Dios, debe pisar un terreno que sobrepasa la razón, y ciertamente la lógica.

Significa esto que debes marchar más allá de la opinión que te hayas formado acerca de Dios. Marcha hacia un dominio que tiene un sistema de valores opuesto al tuyo.

Dios a ti te agrada cuando te permite tener una casa bonita, un buen coche y agradables circunstancias, ¿verdad que sí? ¿Cuándo te permite vender tu casa y comprar otra? ¿Cuándo consigues aprobar tus estudios, o consigues ese trabajo? ¿Pero cuál es tu actitud hacia Él cuando ese mismo Señor consiente que clavos atraviesen tus manos, rasguen tus pies, y desmenucen tu alma? ¿Te sigue gustando ese Dios? ¿¡Cuánto te sigue gustando!?

Haz lugar en tu corazón a esta posibilidad, a la posibilidad de que tu Señor quisiera reajustar tu existencia para que aprendas… aprendas… a que Él te guste a pesar de lo que permita que entre en tu vida.

Hay otra pregunta esperando aparte de “¿cómo reaccioné cuando me cricificaron?” La segunda pregunta que has de considerar es esta, “¿quiero continuar viviendo con mi presente actitud hacia lo sucedido? ¿Viviré así?”

Ten en cuenta que muchos cristianos escogen no convalecer del todo. De hecho algunos creyentes prefieren estar heridos… de modo permanente. Sólo tienes dos opciones, recuperación total y sanidad, o tu estado actual.

Estás advertido, si eres sanado significa que no puedes resentirte nunca más. Algunos creyentes no pueden recurrir a un pensamiento semejante; necesitan estar resentidos, contender y recordar. ¿Será esta tu porción?

No sería extraño que escogieras odiar en vez de ser sanado.

¡Hay que regresar a la inocencia! ¿Es plausible tal cosa? Y si lo es, ¡¿puedes mantenerla?! No si sigues culpando. No si sigues avivando los recuerdos.

¡Pero lo perdí todo en esa crucifixión!

Muchos otros también. Vidas, ministerios, organizaciones. Iglesias han sido destruidas. Familias machacadas. Una ruina total y completa. Ese no es el problema.

El problema es: ¿deseas dejar esa crucifixión detrás tuya? ¿Estás dispuesto a verla como una experiencia necesaria y preciosa cuya intención era darte vida y luz? ¿O prefieres alimentar la herida? ¿Eliges vivir por siempre bajo su oscura sombra de muerte?

Fuiste… crucificado siguiendo un plan, bajo permiso y en lista de preferencia. Fuiste crucificado por voluntad de Dios.

Él es el único con el que debes hacer las paces.

Perdonar a Dios no es fácil. No ver una razón evidente para todo esto y, sin embargo, aceptarlo. Ver lo invisible no es fácil… tan sólo necesario.






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hebert_58 el prinicipio de la sabiduria es el temor de DIOS
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