Te ha pasado a ti?
Me permito contestar a tu pregunta pidiéndote que me permitas dejar a un lado la respuesta hasta que mi tiempo contigo se agote. En vez de ello, sigamos las huellas de este tema de la devastación que un cristiano soporta como resultado de ser horriblemente mutilado a mano de otro creyente.
Como he dicho, ser crucificado por hermanos cristianos es uno de los tormentos más intensos que jamás experimente un hijito de Dios. Puede afectarte al punto de marcar el fin de tu vida como cristiano practicante. No hay límite al efecto que la crucifixión puede tener en tu vida. Posiblemente podría dejarte lisiado de por vida, persiguiéndote su poder destructor a lo largo de toda tu existencia y acompañarte hasta la tumba. Por otro lado, podría tener un efecto positivo para ti... tan positivo que cuando resurjas seas una persona casi completamente diferente.
Me he dado cuenta de que una crucifixión entre ministros es capaz de destruir de modo absoluto no sólo al hombre sino al propio ministerio. Buen número de siervos de Dios han visto su reputación pisoteada persiguiéndoles el acontecimiento durante toda su vida, y no sólo trastornando su vida sino limitando su ministerio a perpetuidad. Tristemente para algunos, lo destruye todo. Por supuesto, los naufragios no es una exclusiva de los ministros, sino que cualquier creyente puede correr la misma suerte.
Esto puede decirse sin miedo a duda: sea el resultado positivo o negativo de cualquier forma la destrucción es sobrecogedora. Nadie ha sido entrenado adecuadamente para la dura prueba que pertrecha una crucifixión.
Pero la pregunta primordial a la que has de encararte tiene que ver con una sanidad, ¿verdad que sí? El asunto de tu total convalecencia de una herida bien, bien profunda.
No deja de ser curioso que no es la propia crucifixión la que provoca la mayor destrucción. Es la postrer consecuencia la que devasta más aún. Prestad atención a mis palabras; ¡para todos vosotros los crucificados hay una postrer consecuencia!
Ahora mismo estáis viviendo esas consecuencias. Así pues, ¿adónde acudes en pos de esa necesaria sanidad? ¿Dónde dejará su huella el primer paso?
La respuesta sinceramente es sorprendente.
__________________
hebert_58 el prinicipio de la sabiduria es el temor de DIOS
|