Los Metodos Terroristas Y De Violencia Utilizados Por La Secta G-12 (parte Final)
Cita:
“Aquí presentamos una lista de las personas que hay que atacar y terminar con sus ministerios, cueste lo cueste, aunque sea la cárcel.” 3
Comentario:
“Atacar”, “terminar”, “cueste lo que cueste” a denominaciones evangélicas, no creemos que sea Dios el inspirador de tal tarea. ¿Quién es el único que desea aniquilar organizaciones evangélicas como las que ellos tienen en la mirilla de su fusil? ¡El demonio! “Cueste lo que cueste” es una amenaza sumamente agresiva que no se puede tomar sin considerar cuáles pueden ser las últimas consecuencias. Luego, al añadírsele el corolario, “Aunque sea la cárcel,” las autoridades civiles deben ser puestas al aviso, por lo menos en el sur de la Florida. Quien diga, “Yo estoy dispuesto a atacar, terminar con el ministerio de una persona y de una denominación, y lo haré cueste lo que cueste aunque vaya a parar a la cárcel”, lo que está diciendo con la claridad del sol en su cenit es: “Usaré la violencia, la amenaza, el fraude, la mentira, la difamación, y cuanto recurso ilegal caiga a mi disposición, no importa que viole las leyes de Dios y las de los hombres.” Solamente paran en la cárcel los que violan las leyes legisladas para el bienestar de la población.
Cita:
El señor Rolando Vestucci Rincón concluye su carta con la siguiente rúbrica: “Una juventud Extremista por la Visión de Cristo y de César Castellanos, revolución espiritual.” 4
Comentario:
¡El mismo lo dice: “Extremista”, “la Visión de Cristo”, y de “César Castellanos”, “revolución”. Cada una de estas palabras o conjuntos de palabras van cargados de un cartucho de dinamita.
Desde el punto de vista teológico hablar de un creyente “extremista” es hablar de un obcecado, de un legalista, de un fanático, alguien a quien lo arrastran las pasiones desconectadas del raciocinio.
Teológicamente, no se puede asociar el “extremismo” con la “convicción”, porque ésta es resultado del ejercicio de la mente, y el otro lo es del bloqueo de cerebro, para no repetir “mente”. Esto es, una persona “convicta” es alguien que ha razonado los pros y contras de una situación, un caso, una aserción, o una doctrina, y de acuerdo al mejor ejercicio de sus capacidades intelectuales arriba a lo que considera es lo más factible y convincente. El “extremista” no razona: se lanza con todo el ímpetu de sus descontroladas pasiones. Por lo tanto, bíblica y teológicamente, se habla de “convicciones” no de “pasiones” ni de “extremismos”. Un extremista es un musulmán que con su cimitarra le cercena la cabeza a quien abandonó el islamismo para abrazar otra religión; es el cruzado que viaja a la Tierra Santa para liberar el santo sepulcro; es el seguidor de Torquemada que ata a la estaca a quien sospecha sigue las doctrinas luteranas y le enciende fuego en nombre de la iglesia; es el neopentecostal que condena a quien no ha entrado en la nueva onda y lo tilda de retrógrada; es el seguidor de Castellanos que proclama que nadie puede llamar a Dios “Padre” si no ha tenido la visión de la cruz al estilo Claudia.
Pero, veamos al extremista desde el punto de vista filosófico. Entre los filósofos griegos, la verdad se encontraba no en los extremos sino en el centro. Nos lo recuerda aquel encuentro entre dos filósofos griegos quienes debatían por encontrar el verdadero sentido de la vida. Uno dibujó una circunferencia perfecta, insinuando que la perfección se encuentra en la simetría exacta de las cosas. El otro, tomó el pedazo de yeso y le colocó de un solo intento el centro exacto de aquella perfecta circunferencia. Para él, el verdadero sentido de la vida no era en la simetría de las cosas, sino en encontrar el centro debido de las cosas. A los extremos, cualquiera desliza: mantenerse en el centro vital de los contornos es indicación de cordura, juicio, discreción, entendimiento aquilatado. ¡Cualquier taramba es un extremista, porque los extremos no requieren criterio!
En política, el “extremista” fue el nazi virulento que envió a los campos de concentración y cámaras de gas, sin ningún remordimiento de conciencia, a seis millones de judíos por ser considerados una raza inferior; “extremista” fue José Stalin que aniquiló a cincuenta millones de compatriotas por no encajar en la revolución bolchevique; Mussolini, el fascista que se alió con Hitler e Hiroito para conquistar el mundo, y que arrasó la población árabe del norte de Africa (Cirenaica, como él la llamó) para incorporarla a Italia; “extremista” fue Tomás de Torquemada, el infame gran inquisidor que llevó a la pira a miles de protestantes españoles, y expulsó de la península ibérica a judíos, árabes, y protestantes en 1492.
Pues bien, señoras y señores, este es el espíritu que el representante del G-12 de César Castellanos demanda de todos los seguidores del padre moderno de todos los herejes: César Castellanos.
Por Hiram Almirudis.
1 Movimiento Juventud G12 Sur Florida, p.1. El énfasis es del autor.
El error ortográfico es del original.
2 Ibid. El énfasis está en el original. El error ortográfico es del original.
3 Ibid., p.2.
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